08 junio 2007

EL HOMBRE SIN ROSTRO

Hoy os dedico una historia de mis "crónicas sureñas". Espero que la disfrutéis.



EL HOMBRE SIN ROSTRO

El Hombre Sin Rostro escuchó las plegarias en sospechoso silencio. Después, haciendo caso omiso de todas las Conciencias Culpables postradas ante él, se levantó para buscar en el laberinto una víctima propicia.

El Hombre Sin Rostro se diluye en la sangre de sus víctimas, y luego, tras un corto proceso bastante complicado, las convierte en Conciencias Culpables que ante él se arrodillan en su Reino Sin Reflejos.

Al Hombre Sin Rostro le gusta decir "hasta mañana si yo quiero", y lo repite todas las noches ante sus Conciencias Culpables que gritan de alegría ante la Revelación que les es dado escuchar. El Hombre Sin Rostro repite su letanía hasta la saciedad, hasta que su boca reseca le indica que ha llegado la hora del éxtasis. Escucha entonces las ardientes plegarias que inventó para sus súbditos y, ebrio de gloria y plegarias, sale al Laberinto Sin Nombre en busca de una nueva víctima.

Y la encuentra.
Y se diluye en su sangre.
Y se procesa.

Al Hombre Sin Rostro le dan nauseas los vampiros y los murciélagos. Es por ello que sus Conciencias Culpables limpian cada mañana su Laberinto Sin Nombre - entrada del Reino Sin Reflejos. Y devoran a los insectos mientras mil jaculatorias surgen de sus labios. Y devoran a los insectos creyendo que son vampiros o murciélagos. Porque no saben que ellos nunca entran allí, que huyen aterrados al sentir la sequedad producida por el aliento del Hombre Sin Rostro, porque temen perderse en los Espejos Sin Reflejos del Laberinto Sin Nombre.

Y lo sienten.
Y huyen.
Y escapan entre alaridos.

Las Conciencias Culpables gimen a veces, cuando él no está. Gimen por sus culpas, por el Hombre Sin Rostro que llevan diluido en sus venas. Las Conciencias Culpables gimen a veces, cuando él va en busca de una víctima propicia.

El senador por Guadalajara comprende estas cosas, pero no sabe cómo hacer para evitar que el Hombre Sin Rostro se diluya en su sangre. Es por ello que piensa presentar un proyecto de ley para declarar monumento nacional el Laberinto Sin Nombre. Intenta ganarse su favor.

El Hombre Sin Rostro los prefiere bebedores de cervezas, tal como los caballeros las prefieren rubias. Así, al diluirse en sus venas, siente el pelotazo en sus tentáculos gelatinosos, colocándose mientras se diluye lentamente, con el eco de cientos de plegarias en sus oídos. Las Conciencias Culpables lo saben y distribuyen por el Laberinto Sin Nombre cientos de cervezas de atrayentes colores con el fin de que las futuras propicias víctimas se sientan atraídas por ellas.

Y se sienten.
Y las beben.
Y son cazados.

El Hombre Sin Rostro no gime. Ni ríe. Es inexpresivo como una pared blanca, como un rostro muerto mientras dormía, como una puerta abierta a un cuarto vacío. El Hombre Sin Rostro no ama, ni odia. Sólo se diluya en las venas y te convierte en Conciencia Culpable.

El senador por Albacete comprende estas cosas, pero no sabe cómo hacer para evitar que el Hombre Sin Rostro se diluya en su sangre. Es por ello que… Pero su jefe le ha dicho "no". Y luego, satisfecho de su obra, ha vuelto a postrarse de rodillas ante el Hombre Sin Rostro y ha dicho las gratas plegarias aprendidas en el Reino Sin Reflejos.