18 diciembre 2007
más de lo mismo
puesta de sol en la victoria
17 diciembre 2007
14 diciembre 2007
Las Cuatro Torres
La Alameda
compartiendo mi visión
12 octubre 2007
días de espera
Empiezo, el empezar el día,
a evocar tu imagen; el recuerdo,
apenas vivido, de tu piel;
la luz de tus ojos cansados.
Imagino la ciudad
donde ahora caminas o duermes;
el sol, que como aquí estará naciendo.
Y me vuelvo a sentir deificante
por crear los dioses que te vuelvan
y tener así la posibilidad
del encuentro casual. Espero.
día segundo
Enciendo un Malboro de tu paquete (y ya sólo quedan dos) para tratar de convencerme de que es preciso hacer algo por recordarte… como si no llevara todo el día pensando que aún faltan… o tal vez más, y que mientras tanto no puedo hacer más que…
Te imagino en una ciudad
que siempre soñé gris; espiada
por las miradas de unos y otros
que se preguntan inquietos quién.
Me digo que yo estoy en el secreto,
que puedo llegar a saber quién
y por qué.
Siempre la sueño gris,
y por completo diferente a ésta;
con otro mar, otras gentes
y otros alrededores. No sé por qué.
Quizá por durante años (¿o fueron siglos?)
predominó el gris de los uniformes,
porque en las páginas de los diarios
siempre es gris y ruinosa, fantasmal…
Quizá ahora no;
quizá ahora la vieja ciudad
se sienta estremecida por tu presencia;
quizá tiemble volviendo a la vida
o se asombre de haber estado
tantos años sin reconocerte.
día tercero
Es ligeramente estremecedor
el hecho de que, a fin de cuentas,
sólo seas una mujer.
Porque, ¿sabes?…
Inasequible al desaliento
persisto en mi actitud.
Sí, cada mañana
sigue siendo lo mismo;
cada despertar
es el mismo despertar;
cada rato vacío
el mismo anhelo.
Me digo a veces
que sólo eres una mujer…
y casi me aterra la idea,
sin llegar a comprenderlo.
Una mujer…
y el aliento y la voz
se cortan,
incapaces de seguir…
día cuarto
Caminar de tu mano hacia el mar
olvidando las claves del pensamiento;
alcanzar junto a ti la cima
dejando atrás cualquier anhelo;
reconocer, con tus ojos y los míos,
todo lugar ante el que me detengo.
No más.
Y no menos.
Acaso sea pedir demasiado,
pero, ¿sabes?, llegará el momento.
día quinto
¿Que qué espero?. Espero…
Y que vieras mi barba crecer
durante al menos tres días,
y mi sueño de cada noche,
mi despertar intrigado.
Y saber yo del crecimiento de tu cabello,
del hálito incierto de tu madrugada,
del corazón brevemente alterado
que tu pecho alberga.
Conocer del otro
el pulso de cada hora,
el aliento de cada instante,
la sed de algunos momentos.
Saber con precisión
el minuto exacto de la palabra,
el preciso segundo de la caricia,
la hora de los roces silenciosos.
Descubrir entre miles la piel esperada,
saber de los labios el sabor anhelado,
entender las palabras sin voz pronunciadas.
Nada más.
día sexto
Fui a donde sueles
buscando tu ausencia,
algo
que hasta ti me acercara,
tu vacío…
porque tu falta me permite creer
que es como otros días,
como otras veces que he ido
y no te he encontrado;
y me permite sustentar la esperanza
del día siguiente,
el pensamiento
del encuentro casual…
por eso fui donde sueles,
buscando tu ausencia…
y al séptimo día…
… pero no, no hubo más que seis días de espera, porque luego la paciencia, la capa de racionalidad de la que había logrado cubrir al esperar, empezó a desmoronarse a pasos agigantados. Y cada moto roja que veía era la tuya, y cada llamada del teléfono tu mensaje, y cada paseo solitario un incesante girar de los ojos buscando tu sombra en cada rincón… Pero las motos acababan por acercarse a mi y me enseñaban que no eras tú quien estaba encima, y las voces del teléfono preguntaban por personas que al pronto me sonaban lejanas y desconocidas, y la sombra que en todos los rincones se agitaba como dispuesta a reconocerme nunca era tu sombra.
Después venía la sensación de ridículo. Mis pies volvían a la acera de la que se habían bajado para que me vieras mejor desde la moto; las manos que presurosas se habían aferrado al teléfono lo entregaban a otras manos, o la voz murmuraba un "está mejor" o un "no, ha salido" (¿quién estaba mejor?. ¿quién había salido?); los ojos se cerraban cansados de buscar en cada rincón, y un rápido parpadeo lograba controlar la decepción, evitando a la vez que el viento, o el polvo, o el humo del cigarro, cometieran la torpeza de arrancarles una lágrima.
03 septiembre 2007
recordatorio
08 junio 2007
EL HOMBRE SIN ROSTRO
El Hombre Sin Rostro escuchó las plegarias en sospechoso silencio. Después, haciendo caso omiso de todas las Conciencias Culpables postradas ante él, se levantó para buscar en el laberinto una víctima propicia.
El Hombre Sin Rostro se diluye en la sangre de sus víctimas, y luego, tras un corto proceso bastante complicado, las convierte en Conciencias Culpables que ante él se arrodillan en su Reino Sin Reflejos.
Al Hombre Sin Rostro le gusta decir "hasta mañana si yo quiero", y lo repite todas las noches ante sus Conciencias Culpables que gritan de alegría ante la Revelación que les es dado escuchar. El Hombre Sin Rostro repite su letanía hasta la saciedad, hasta que su boca reseca le indica que ha llegado la hora del éxtasis. Escucha entonces las ardientes plegarias que inventó para sus súbditos y, ebrio de gloria y plegarias, sale al Laberinto Sin Nombre en busca de una nueva víctima.
Y la encuentra.
Y se diluye en su sangre.
Y se procesa.
Al Hombre Sin Rostro le dan nauseas los vampiros y los murciélagos. Es por ello que sus Conciencias Culpables limpian cada mañana su Laberinto Sin Nombre - entrada del Reino Sin Reflejos. Y devoran a los insectos mientras mil jaculatorias surgen de sus labios. Y devoran a los insectos creyendo que son vampiros o murciélagos. Porque no saben que ellos nunca entran allí, que huyen aterrados al sentir la sequedad producida por el aliento del Hombre Sin Rostro, porque temen perderse en los Espejos Sin Reflejos del Laberinto Sin Nombre.
Y lo sienten.
Y huyen.
Y escapan entre alaridos.
Las Conciencias Culpables gimen a veces, cuando él no está. Gimen por sus culpas, por el Hombre Sin Rostro que llevan diluido en sus venas. Las Conciencias Culpables gimen a veces, cuando él va en busca de una víctima propicia.
El senador por Guadalajara comprende estas cosas, pero no sabe cómo hacer para evitar que el Hombre Sin Rostro se diluya en su sangre. Es por ello que piensa presentar un proyecto de ley para declarar monumento nacional el Laberinto Sin Nombre. Intenta ganarse su favor.
El Hombre Sin Rostro los prefiere bebedores de cervezas, tal como los caballeros las prefieren rubias. Así, al diluirse en sus venas, siente el pelotazo en sus tentáculos gelatinosos, colocándose mientras se diluye lentamente, con el eco de cientos de plegarias en sus oídos. Las Conciencias Culpables lo saben y distribuyen por el Laberinto Sin Nombre cientos de cervezas de atrayentes colores con el fin de que las futuras propicias víctimas se sientan atraídas por ellas.
Y se sienten.
Y las beben.
Y son cazados.
El Hombre Sin Rostro no gime. Ni ríe. Es inexpresivo como una pared blanca, como un rostro muerto mientras dormía, como una puerta abierta a un cuarto vacío. El Hombre Sin Rostro no ama, ni odia. Sólo se diluya en las venas y te convierte en Conciencia Culpable.
El senador por Albacete comprende estas cosas, pero no sabe cómo hacer para evitar que el Hombre Sin Rostro se diluya en su sangre. Es por ello que… Pero su jefe le ha dicho "no". Y luego, satisfecho de su obra, ha vuelto a postrarse de rodillas ante el Hombre Sin Rostro y ha dicho las gratas plegarias aprendidas en el Reino Sin Reflejos.
03 mayo 2007
¿os he dicho que disfruto con la fotografía?
Empezaremos con las de carácter social o político, no sé, lo dejo a vuestra elección.
Esta primera es de uno de los viajes a Bosnia, cuando la cosa estaba aún más jodida que ahora. El edificio es el famoso hotel de los periodistas, en la plaza que, ahora, se llama de las naciones, si mal no recuerdo. No sé como se encontrará en la actualidad, pero creo que iban a dejarlo como estaba, porque intentaban convertirlo en símbolo de la irracionalidad, de la estupidez diría yo, de la humanidad (iba a poner de la raza humana, pero teniendo en cuenta los motivos de aquella guerra, no me parece lo más apropiado).

Y continuando con el tema, esta es de una guardería que se encontraba en la localidad de Hrasniça (si es que se escribía así), una especie de suburbio de Sarajevo.

Lo único que quedaban eran los niños y el tobogán. ¿Dónde quedó el sentido común?.
Y, finalmente, unas buenas amigas que estuvieron en España de vacaciones allá por el año 2000. Creo que lo pasaron bien. Aunque tuvieran que volver después a sus vidas.
Y de momento ya está. Otro día más.
Por cierto: ha dejado de llover.
02 mayo 2007
llueve

24 abril 2007
antes
Ahora (ahora es ahora) me cuesta más. Tanto que a veces he pensado que escribí todo lo que tenía que escribir, todo lo que tenía que decirme y que descubrir. No me gusta la idea.
Seguramente ese es uno de los motivos de este espacio. Y espero que pronto, poco a poco también, vuelvan el sentido y el sentimiento.
Quizá sea sólo una declaración de intenciones... Pero quien no lo intenta... Ya se sabe: hay que intentarlo; siempre; a costa de todo; contra uno y contra cien. ¿Qué nos queda si no?
12 abril 2007
23 marzo 2007
estoy cansado
Pongamos que estoy cansado,
cansado de ser sólo un hombre
vulgar, un hombre
como tantos y tantos más.
Pongamos que estoy cansado,
ahíto
de fines de semanas
tan parecidos los unos a los otros;
harto
de caminar sin sentido
por calles casi miserables.
Pongamos que estoy cansado,
pongamos que a veces, no siempre,
me duele ser hombre
y quisiera ser dios.
Pongamos que a veces lo sea.
Y sin embargo… estoy cansado.
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